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The Last Unicorn (USA-UK-Japón, 1982)

Obra maestra animada que anticipó el espíritu de Studio Ghibli y se convirtió en mito generacional.

Título original: The Last Unicorn.

Año: 1982.

País: Estados Unidos / Reino Unido / Japón.

Duración: 92 minutos.

Género: Fantasía.

Dirección: Jules Bass y Arthur Rankin Jr.

Guion: Peter S. Beagle.

Música: Jimmy Webb.

Canciones interpretadas por: America.

Animación y fotografía: Estudio Topcraft.

Reparto de voces: Mia Farrow, Jeff Bridges, Alan Arkin, Angela Lansbury, Christopher Lee, Tammy Grimes.

En un bosque perpetuamente verde, un unicornio vive sin saber que es la última de su especie. Su existencia es tan antigua y pura que el paso del tiempo no la alcanza. Pero un día escucha a dos cazadores murmurar que ya no quedan más como ella, que los unicornios han desaparecido del mundo. Inquieta por primera vez en siglos, emprende una travesía más allá del bosque, guiada solo por el rumor del viento y la memoria de los sueños.


Su búsqueda la conduce a un mundo decadente, donde la magia ha sido desplazada por el olvido. En el camino encuentra a Schmendrick, un hechicero torpe pero de corazón noble, y a Molly Grue, una mujer que alguna vez creyó en los cuentos de hadas y que ahora carga con el desencanto de haberlos perdido. Juntos atraviesan reinos derruidos, aldeas donde la gente ya no reconoce lo maravilloso y caminos vigilados por la sombra del Toro Rojo, criatura de fuego al servicio del melancólico Rey Haggard, quien mantiene cautivos a los otros unicornios en el mar.


Para protegerla, Schmendrick la transforma en humana. Así nace Lady Amalthea, una joven de ojos plateados que no comprende los sentimientos humanos que comienzan a florecer en ella. En el castillo del rey, Amalthea y el príncipe Lír viven un amor imposible, pues ella sabe que no es humana y que su destino no está en ese mundo.


El final es de una tristeza luminosa; el unicornio enfrenta al Toro Rojo, libera a sus hermanos y devuelve la magia al mundo… pero ya no puede volver a ser la misma. Es la única unicornio que conoce lo que significa la pérdida, el miedo y el amor. Su pureza se ha teñido de humanidad, y por eso, paradójicamente, se ha vuelto más real que nunca.



Voces


Mia Farrow aporta a la unicornio una voz etérea, frágil, casi cristalina, que contrasta con la intensidad emocional de Jeff Bridges como el príncipe Lír, quien encarna el amor romántico condenado a no cumplirse.


Alan Arkin como Schmendrick mezcla torpeza y sabiduría, dotando al personaje de un encanto desaliñado que lo convierte en el corazón moral de la historia.


Angela Lansbury, en su breve pero poderosa aparición como Mommy Fortuna, infunde a la villana una mezcla de crueldad y tristeza que la hace inolvidable; una mujer que sólo puede aferrarse a la magia a través del engaño.


Pero quien eleva el tono trágico del filme es Christopher Lee. Su interpretación del Rey Haggard es magistral: una voz grave, temblorosa, cargada de desesperanza. Haggard no es un tirano común, sino un hombre que ha visto pasar la belleza y no puede soportar vivir sin ella. Leefan confeso de la novela original— incluso pidió grabar sus líneas también en alemán, cuidando la fidelidad del texto. Su actuación convierte al villano en un reflejo de todos los que envejecen sin amor, aferrados a una idea perdida de la felicidad.



Contexto histórico


Estrenada en 1982, El último unicornio llegó en una época fascinante para la fantasía cinematográfica. El público de los años ochenta comenzaba a redescubrir el género gracias a películas como Excalibur (1981), Conan el Bárbaro (1982), The Dark Crystal (1982) o Legend (1985). Sin embargo, a diferencia de esas epopeyas visuales cargadas de músculo o efectos, The Last Unicorn apostó por la melancolía y la poesía.


La productora Rankin/Bass, conocida por sus especiales televisivos y adaptaciones de Tolkien (The Hobbit, The Return of the King), unió fuerzas con el estudio japonés Topcraft. Este cruce oriente-occidente dio lugar a una estética única; animación fluida, trazos finos y fondos oníricos que recuerdan acuarelas vivas.


Ese equipo de animadores —Toru Hara, Kazuo Komatsubara y Tsuguyuki Kubo— trabajaría poco después junto a Hayao Miyazaki en Nausicaä del Valle del Viento (1984), y posteriormente fundarían Studio Ghibli.


Así, The Last Unicorn no solo es un puente entre culturas, sino también entre épocas; un eslabón perdido entre la animación estadounidense y la sensibilidad poética japonesa.



Influencia y legado


Aunque no fue un éxito comercial inmediato, con los años se convirtió en una obra de culto adorada por escritores, músicos y animadores. Su tono adulto, existencial y melancólico influyó en generaciones de creadores. Neil Gaiman la ha citado como una de las narraciones que más lo marcaron en su infancia; Guillermo del Toro reconoció su influencia en el diseño simbólico de El laberinto del fauno.


La película también abrió el camino para que el fantasy animado pudiera abordar temas filosóficos y emocionales sin necesidad de suavizarlos para un público infantil.


Musicalmente, las canciones del grupo America —especialmente el tema principal The Last Unicorn— reforzaron esa atmósfera nostálgica, casi de balada épica recordada desde un sueño. La banda sonora de Jimmy Webb está entre las más evocadoras del cine de fantasía, capaz de unir ternura y desolación en una misma melodía.


En la actualidad, su estética sigue siendo referente en la animación independiente, y su restauración digital (2015) reavivó el interés global por la cinta. Las proyecciones con Peter S. Beagle presente atrajeron a miles de fans que, décadas después, aún lloran con su final.



Secuencias legendarias


El despertar del unicornio: la luz del bosque, los ciervos, el canto del viento. Una secuencia que parece pintada con suspiros.

El circo de Mommy Fortuna: un desfile de ilusiones donde los monstruos verdaderos son los humanos que explotan lo que no entienden.

La transformación en Lady Amalthea: una de las escenas más simbólicas del cine animado: belleza que duele, inmortalidad que se fractura.

El enfrentamiento con el Toro Rojo: fuego contra mar; el sacrificio de una criatura que aprende lo que es el miedo.

El regreso final: Amalthea, ya de nuevo unicornio, confiesa que ha cambiado para siempre. No hay victoria sin pérdida, ni magia sin tristeza.


Cada secuencia es una metáfora visual del tránsito entre la niñez y la madurez, entre lo eterno y lo efímero. Pocas películas han capturado tan bien el dolor de crecer.


Datos curiosos


Peter S. Beagle escribió el guion basándose en su propia novela, manteniendo intacta la atmósfera poética del texto original.


Christopher Lee fue tan devoto del material que se ofreció a grabar los diálogos también en alemán, cuidando el sentido literario del guion.


El estudio Topcraft reutilizó algunos diseños de personajes en Nausicaä y El castillo en el cielo, conectando así este film con el ADN fundacional de Ghibli.


Angela Lansbury consideraba a Mommy Fortuna uno de sus papeles vocales favoritos por su mezcla de maldad y vulnerabilidad.


En 2005 se lanzó una novela gráfica y se planeó una película live-action que jamás se concretó.



Lectura simbólica y filosófica


El unicornio representa lo puro y lo eterno, mientras el mundo que atraviesa simboliza la humanidad atrapada en el desencanto. La transformación en Lady Amalthea es la alegoría de la caída del mito en la carne; cuando la perfección conoce el amor, pierde su inmortalidad pero gana profundidad.


Rey Haggard encarna la avaricia estética: el deseo de poseer lo bello hasta destruirlo. Es el hombre moderno que colecciona maravillas sin comprenderlas, y que, al hacerlo, se condena a la soledad.


Schmendrick, el mago imperfecto, es el artista que falla pero insiste, aquel que sostiene la esperanza en un mundo descreído.


Molly Grue representa la nostalgia de los adultos que aún creen, aunque sea tarde, en la magia perdida de su juventud.


Juntos forman un mito circular; la historia del alma que busca su reflejo en el tiempo y lo paga con lágrimas.



Conclusión


El último unicornio no es una simple fábula animada, sino una elegía sobre el fin de la inocencia. Su belleza radica en la tristeza de saber que lo maravilloso existe, pero se extingue. Cada línea, cada acorde y cada color parecen despedirse del mundo como si fuera la última vez que lo vemos.


En una época dominada por héroes musculosos y efectos digitales, esta cinta recuerda que la fantasía más poderosa no está en el espectáculo, sino en la emoción.


Al final, el unicornio —ya consciente del dolor humano— regresa a su bosque, pero nunca más será la misma criatura. Y nosotros, los espectadores, tampoco.

“¿Qué es la inmortalidad, sino una forma de soledad?” — Rey Haggard

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