top of page

Dragonslayer (USA-UK, 1981)

Una joya del cine fantástico donde la magia se extingue y los dragones mueren.

Título original: Dragonslayer.

Año: 1981.

Nacionalidad: Estados Unidos / Reino Unido.

Duración: 109 minutos.

Género: Fantasía.

Director: Matthew Robbins.

Guion: Matthew Robbins y Hal Barwood.

Reparto: Peter MacNicol, Caitlin Clarke, Ralph Richardson, John Hallam, Albert Salmi, Sydney Bromley.

Música: Alex North.

Fotografía: Derek Vanlint.

Efectos visuales: Industrial Light & Magic (Phil Tippett, Dennis Muren).

Productoras: Walt Disney Productions / Paramount Pictures

En una tierra olvidada, sumida en superstición y miedo, el reino de Urland vive bajo el yugo de una criatura ancestral: Vermithrax Pejorative, el dragón más antiguo y terrible que haya pisado la tierra. Cada cierto tiempo, el monstruo exige un tributo sangriento: una doncella elegida por sorteo es encadenada y devorada para mantener la paz. Nadie recuerda cuándo comenzó el pacto, solo que romperlo sería desatar el fuego del infierno.


Desesperados, los aldeanos emprenden una peligrosa peregrinación hasta la torre del mago Ulrich de Craggenmoor, el último de los grandes hechiceros. Pero antes de que pueda intervenir, el anciano es asesinado por Tyrian, el soldado del rey. Su joven aprendiz, Galen Bradwarden, hereda el amuleto mágico y decide continuar la misión de su maestro. Armado con su valentía y una lanza forjada para matar dragones.


Durante su viaje descubre que una de las jóvenes del pueblo, Valerian, ha vivido disfrazada de hombre para evitar el sacrificio. Su relación con Galen se convierte en un amor imposible; dos idealistas atrapados en un mundo gobernado por miedo y superstición. Cuando el mago intenta destruir la cueva del dragón con hechicería, solo logra despertar la ira de Vermithrax. El monstruo, magnífico y aterrador, se alza entre las ruinas de roca y fuego como una deidad vengativa.


En el clímax, el espíritu de Ulrich regresa desde la muerte para sellar el destino de ambos. En una explosión de luz y fuego, mago y bestia se destruyen mutuamente. La magia desaparece del mundo, y con ella la última chispa de lo sobrenatural. Galen y Valerian, convertidos en los nuevos testigos del cambio, se alejan por un camino desolado. La era de los dragones ha terminado.



Actuaciones


Peter MacNicol, en su primer papel cinematográfico, da vida a Galen con un equilibrio entre inocencia y determinación. No es un héroe musculoso ni un guerrero carismático; es un joven torpe, crédulo, que aprende a entender el peso del poder y del sacrificio. Su evolución es íntima y dolorosa, reflejo del tránsito entre la fe y la desilusión.


Caitlin Clarke, como Valerian, aporta una energía subversiva; no es una princesa ni una doncella pasiva. Su travestismo desafía las normas del patriarcado medieval y se convierte en el gesto más humano de la película. Su rostro mezcla dulzura y fuerza, y su relación con Galen dota de calidez a un universo donde todo parece condenado.


Ralph Richardson, con su voz grave y su porte imponente, eleva al mago Ulrich a la categoría de mito. Más que un personaje, es la encarnación de una era que se extingue. Su interpretación impregna de dignidad y melancolía cada una de sus apariciones. Incluso en la muerte, su presencia pesa sobre toda la historia como la sombra de un dios olvidado.


El reparto secundario —desde John Hallam como el cínico rey Casiodorus hasta Albert Salmi como el herrero atormentado— completa un elenco que encarna la decadencia de una civilización que ya no cree ni en sus monstruos ni en sus salvadores.



Contexto histórico


Cuando Dragonslayer se estrenó en 1981, Hollywood se encontraba entre dos mundos: el realismo sucio de los setenta y la era de la fantasía luminosa que Star Wars había inaugurado. Disney, coproductora del filme, buscaba un tono más adulto para recuperar al público joven perdido, mientras Paramount apostaba por un relato más oscuro y violento. El resultado fue una película que no encajó en ningún molde; demasiado sombría para el público infantil, demasiado extraña para los adultos.


El guion de Hal Barwood y Matthew Robbins —colaboradores de George Lucas— parte de un concepto casi antropológico: ¿qué sucede cuando la magia desaparece del mundo? La historia no trata solo de matar a un dragón, sino de presenciar el ocaso de la fe y el nacimiento de la razón. En ese sentido, Dragonslayer es una metáfora sobre la modernidad; la muerte del mito frente a la era de los hombres.


Visualmente, la fotografía de Derek Vanlint (el mismo de Alien) aporta una textura orgánica, llena de polvo, humo y penumbra. Nada brilla en este mundo; ni las armaduras, ni los castillos, ni los hechizos. Es un universo medieval sucio, tangible, donde la magia parece una chispa de esperanza perdida entre la ceniza.



Influencia


Aunque no fue un éxito de taquilla, Dragonslayer dejó una huella indeleble. Phil Tippett y Dennis Muren, de Industrial Light & Magic, perfeccionaron la técnica de go motion —una evolución del stop motion— para dotar de fluidez y realismo a los movimientos de Vermithrax. Aquellos efectos sentaron las bases del realismo visual que dominaría la década siguiente, influyendo en The NeverEnding Story, Willow, Reign of Fire y, décadas más tarde, Game of Thrones.


Guillermo del Toro la ha citado como una de sus películas favoritas, describiéndola como “una fábula pagana sobre el final de los dioses”. También inspiró a cineastas como Peter Jackson, quien reconoció que la textura de los escenarios de The Lord of the Rings se basó parcialmente en el tono crepuscular de Dragonslayer.


Su dragón, Vermithrax Pejorative, sigue siendo considerado por muchos expertos como el más impresionante jamás creado antes de la era digital. No por su tamaño, sino por su presencia; un monstruo que parece antiguo incluso para el propio tiempo.



Secuencias legendarias


El sorteo de las doncellas. En una escena cargada de tensión y fatalismo, las familias entregan los nombres de sus hijas a una urna, mientras la música de Alex North desciende como una plegaria sin esperanza.

La transformación de Valerian. En el río, al descubrir su verdadera identidad, Galen observa cómo la piel de Valerian brilla al sol por primera vez. Es un momento de renacimiento, donde el amor surge en medio del horror.

El despertar de Vermithrax. Entre sombras, alas y fuego, la criatura se revela majestuosa. El rugido que retumba en la montaña es una de las cumbres técnicas y emocionales del cine fantástico.

La resurrección del mago. En una escena envuelta en luz dorada, Ulrich regresa desde el más allá para cumplir su destino final. Su figura cubierta de polvo estelar evoca la tragedia de los antiguos dioses.

La batalla final. Ulrich enfrenta al dragón en un duelo divino; el fuego contra la magia, el tiempo contra la eternidad. Cuando ambos explotan en el cielo, el espectador presencia el fin de un mundo.



Premios y nominaciones


  • Nominaciones al Óscar (1982):

    • Mejores Efectos Visuales (Phil Tippett, Dennis Muren, Brian Johnson).

    • Mejor Banda Sonora Original (Alex North).

  • Premios Saturn (1982):

    • Ganadora: Mejores Efectos Especiales.

    • Nominada: Mejor Película de Fantasía, Mejor Dirección de Arte.


Datos curiosos


El nombre Vermithrax Pejorative fue inventado como una broma erudita: vermis (gusano) y pejorative (insultante). Décadas más tarde, George R.R. Martin lo reutilizó en Fire & Blood.


Los efectos de fuego del dragón se realizaron con lanzallamas a escala y tanques de gas propano, filmados a alta velocidad.



El amuleto de Ulrich fue fabricado con fragmentos de vidrio volcánico real.


Caitlin Clarke tuvo que cortar su cabello real en pantalla para filmar la escena del río.


Alex North, conocido por Spartacus, compuso una banda sonora de gran carga trágica que fue considerada “demasiado adulta” por los ejecutivos de Disney. Hoy es un clásico del sinfonismo oscuro.


Conclusión


Dragonslayer es una elegía sobre el fin de la magia y la pérdida de lo sagrado. Más que un cuento de hadas, es una reflexión sobre la transición de los mitos al pensamiento racional. Su tono sombrío, su estética medieval y su honestidad emocional la convirtieron en un filme adelantado a su tiempo.


En una época dominada por héroes luminosos, Dragonslayer nos recordó que la luz solo tiene sentido cuando surge de la oscuridad. Ulrich, al sacrificarse, no derrota al dragón; lo acompaña en su extinción. Galen no conquista un reino, solo aprende a vivir sin milagros. Y el espectador, entre el humo del amanecer, comprende que la verdadera magia fue creer, aunque solo fuera una última vez.

“The time for sorcery is over.” — Ulrich.

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
  • Reddit
  • Instagram
  • X
  • YouTube
  • TikTok

©2025 by Larva´s Studios. Powered and secured by Babucha´s Enterprises.

bottom of page