Viy (1967): Terror folclórico soviético que te helará la sangre
El Primer Clásico del Terror Soviético.

Título en español: Viy: El espíritu del mal.
Año: 1967.
Duración: 77 minutos.
País de origen: Unión Soviética.
Dirección: Konstantin Yershov y Gueorgui Kropachyov.
Efectos especiales: Aleksandr Ptushko.
Guion: Konstantin Yershov, Gueorgui Kropachyov y Aleksandr Ptushko.
Fotografía: Viktor Pischalnikov y Fyodor Provorov.
Música: Karen Khachaturian.
Género: Terror folclórico.
Reparto: Leonid Kuravlyov, Natalya Varley, Nikolai Kutuzov, Aleksei Glazyrin, Vadim Zakharchenko, Vladimir Salnikov, Stepan Shkurat, Pyotr Vesklyarov y Dmitry Kapka.
Si te hablo de cine de terror soviético de los 60, capaz que te imaginas algo super serio o propagandístico, ¿verdad? Pues prepárate, porque Viy (Вий) de 1967 es todo lo contrario, y te va a volar la cabeza. Imaginate una peli que agarra el folklore más oscuro de Ucrania y lo mezcla con una estética que parece sacada de un sueño febril, como si alguien hubiera puesto a Goya y a El Bosco a hacer una película de brujas. Basada en una historia de Nikolái Gógol, esta joya rusa es una inmersión en una pesadilla folklórica donde la fe, la superstición y el miedo se chocan de una forma muy potente.
La trama es engañosamente simple pero efectiva: un joven seminarista, Khoma Brut, que es medio juerguista y algo irresponsable, se topa con una bruja en medio de la noche. Después de un encuentro bastante… particular, se ve obligado a ir a un pueblo remoto para velar el cuerpo de una joven que, ¡oh sorpresa!, resulta ser la misma bruja que lo atacó. La cosa es que tiene que pasar tres noches solo con el cadáver en una iglesia, dentro de un círculo de tiza que él mismo dibuja para protegerse. Y ahí, mi amigo, es donde la historia se pone realmente densa y surrealista. No esperes el típico terror de sustos fáciles; esto es más bien una inmersión gradual en la locura, lo grotesco y lo sobrenatural, que te va a dejar pensando. La película, dirigida por Georgiy Kropachyov y Konstantin Yershov, cuenta con una maravilla atmósfera y el diseño visual que, para su época, era algo totalmente revolucionario.
Olvídate de los jump scares; aquí el terror viene de lo que ves, de la incomodidad, de lo grotesco y lo onírico. La película juega con una paleta de colores vibrantes y contrastes que, para ser de los sesenta y venir de la Unión Soviética, son impresionantes. Hay momentos donde el realismo se desvanece por completo y entramos en un mundo de fantasía pura, casi como un cuadro animado que cobra vida. Los directores supieron cómo usar cada encuadre para crear una sensación de claustrofobia y paranoia. Te sientes encerrado con Khoma en esa iglesia, esperando lo inevitable, mientras la tensión se va cocinando a fuego lento. Las criaturas, cuando aparecen, son una maravilla del diseño y la artesanía. No son efectos CGI, son efectos prácticos, maquetas, marionetas y trucos de cámara que, a pesar de los años, conservan una fuerza increíble y resultan mucho más perturbadores que cualquier cosa digital. Es como un sueño febril, una ópera de lo macabro donde la lógica del mundo real se suspende por completo, y te sumerges en el folclore eslavo más oscuro y fascinante. La duración de 76 minutos es perfecta, no hay rellenos, cada escena contribuye a la construcción de ese ambiente único.

Actuaciones
Quien se lleva la película es Leonid Kuravlyov como Khoma Brut, el seminarista. Es el tipo al que le cae el garrón de esta historia y lo ves pasar por todas. Arranca medio despreocupado, un poco arrogante, pero a medida que la noche avanza, su miedo es palpable, te lo crees. Su desesperación y su lucha interna son el ancla de toda la locura que pasa.
Natalya Varley, que interpreta a Pannochka, la hija del centurión, es otro pilar. Su personaje es enigmático y aterrador a la vez. No solo es hermosa, sino que tiene una presencia magnética que te atrae y te repele al mismo tiempo. Logra un equilibrio perfecto entre la seducción y el horror, haciendo que su bruja sea inolvidable.
Alexei Glazyrin como el Centurión, el padre de Pannochka, es de esos personajes que imponen respeto y algo de temor. Su actuación es sobria pero contundente. Ves su dolor, pero también su autoridad inquebrantable, y es él quien pone a Khoma en este brete, lo que lo convierte en una figura clave sin necesidad de grandes aspavientos.
Luego está Nikolai Kutuzov como la Bruja. Si bien su papel es más breve, es el catalizador de todo el terror. Es una figura grotesca y genuinamente espeluznante, que te deja una sensación de maldad ancestral. Su aparición es de esas que se te quedan grabadas, marcando el tono para lo que vendrá.
El resto del elenco, como Vadim Zakharchenko, Pyotr Vesklyarov y Vladimir Salnikov, que hacen de los otros seminaristas o aldeanos, cumplen su rol de darle cuerpo al mundo alrededor de Khoma. Aportan momentos de respiro o de tensión, y aunque no tienen el protagonismo de los de arriba, su presencia ayuda a que la historia se sienta más viva y el peligro, más real.

Música
La música de Karen Khachaturian es clave para que esta película te meta el miedo en el cuerpo. No es de esas bandas sonoras que se te quedan tarareando, pero su función es puramente atmosférica. Usa mucho los coros y sonidos orquestales que te envuelven, creando una sensación de desasosiego y misticismo que combina a la perfección con las imágenes, especialmente cuando las cosas se ponen raras y sobrenaturales en la iglesia.
Lo que más te pega de la música, o mejor dicho, del sonido en general, es cómo construye la tensión. No hay un tema principal que te persiga, pero sí una serie de ruidos y efectos sonoros que, junto con la música, te hacen sentir el peso de lo desconocido. Los silencios son casi tan importantes como las notas, y cuando el sonido irrumpe, lo hace con una fuerza que te sobresalta. Es el tipo de score que te mantiene al borde del asiento, no por una melodía pegadiza, sino por cómo te sumerge en el horror gótico de la historia.

Contexto histórico
En 1967, cuando Viy llegó a los cines, el mundo estaba en pleno apogeo de la Guerra Fría. En la Unión Soviética, la era de Jruschov había dado paso a Brézhnev, y aunque la represión estalinista más dura era cosa del pasado, el control estatal sobre la cultura seguía siendo fuerte. Imagínate ese sistema donde el cine solía ser una herramienta para glorificar el socialismo o para educar a las masas, de repente aparece una película de terror folclórico, y no una cualquiera, sino la primera de su tipo producida en la URSS. ¡Era una rareza!
La televisión ya existía, claro, pero ir al cine era todavía un evento social importante. Las películas soviéticas a menudo se centraban en dramas históricos, bélicos o melodramas que ensalzaban los valores del colectivo. Que una productora como Mosfilm se atreviera con una adaptación tan fiel y visualmente impactante de un cuento de Gógol, lleno de brujas y demonios, fue una movida audaz. No era la típica película que esperabas de la URSS en esa época.
No hubo grandes escándalos de censura que se conozcan alrededor de su estreno, lo cual es sorprendente dada la temática. Probablemente, el hecho de estar basada en una obra de un autor clásico y respetado como Gógol le dio un pase. Las autoridades podían argumentar que era una pieza de arte popular o una exploración de la superstición pre-revolucionaria, en lugar de un comentario subversivo. Así, una historia de terror gótico con raíces eslavas logró colarse y dejar a más de uno con los pelos de punta.

Influencia
Viy es como ese pariente lejano que pocos conocen pero que, al conocerlo, te das cuenta de lo mucho que aportó a la familia. Para empezar, es la pionera del cine de terror soviético, y eso ya es un peso pesado. Antes de ella, el terror como lo conocemos no era un género establecido en la URSS, así que abrió una puerta a futuras exploraciones, aunque no muchas siguieron su línea directa. Su impacto se ve más en cómo desafió las convenciones y demostró que se podía hacer un cine fantástico con raíces locales.
Viy resalta mucho debido a su estética. Los directores Georgi Kropachyov y Konstantin Yershov, junto con el legendario Aleksandr Ptushko, crearon un universo visual que te atrapa. Sus efectos especiales, todos prácticos y artesanales, eran revolucionarios para la época y para la región. Las criaturas, el vuelo de la bruja, la transformación, todo se siente tangible y perturbador. No hay CGI aquí, amigo, solo ingenio puro.
Esta película es un pilar del folk horror, aunque el término no existiera entonces. Su mezcla de supersticiones eslavas, elementos religiosos y la claustrofobia de un entorno rural aislado, donde el mal es tan parte del paisaje como los árboles, sentó las bases para lo que vendría después en el género. Piensa en películas como The Wicker Man o más recientemente Midsommar; aunque son muy diferentes, comparten esa esencia de un terror arraigado en la tradición y el folclore. Viy mostró que el miedo más profundo no viene de monstruos genéricos, sino de lo que se esconde en las leyendas de tu propia tierra.
Hoy en día, su legado se mantiene por su audacia visual y su atmósfera inigualable. Mientras que algunas películas de su época pueden sentirse un poco lentas o anticuadas, Viy conserva una frescura perturbadora. Sí, quizás el ritmo no sea el de un blockbuster moderno, y la narrativa a veces se toma su tiempo, pero es parte de su encanto. Los efectos prácticos, lejos de envejecer mal, le dan un aire de autenticidad que el CGI a menudo no logra. Es una joya que sigue siendo descubierta por nuevas generaciones de amantes del terror, y cada vez que la ves, te das cuenta de por qué es tan especial. Es una película que te recuerda que el miedo no necesita grandes presupuestos, sino mucha imaginación y una buena historia.

Escenas Legendarias
La transformación inicial de la bruja: Cuando Khoma, el seminarista, se encuentra por primera vez con la anciana que lo acusa de brujería, la escena es pura inquietud. Ella lo ataca, y mientras él intenta defenderse, la anciana empieza a cambiar. Se retuerce, su piel se alisa, su pelo se oscurece y, ante sus ojos horrorizados, se convierte en una joven y hermosa mujer. Es un momento impactante, con efectos prácticos que, para la época, eran de otro mundo. La mezcla de lo grotesco y lo seductor establece el tono de terror folclórico que impregna toda la película.
El vuelo nocturno con la bruja: Después de la transformación, la bruja somete a Khoma y lo obliga a subirse a su espalda. Lo que sigue es una secuencia alucinante y surrealista donde vuelan por los aires, sobre vastos paisajes nocturnos. La cámara se mueve con ellos, creando una sensación de vértigo y desorientación. Khoma, aterrorizado, se aferra a ella mientras ella ríe maniáticamente. Visualmente es una maravilla, un ballet macabro en el cielo que te deja sin aliento y te sumerge de lleno en el mundo de pesadilla de la película.
El primer velorio en la iglesia: Khoma es asignado a velar el cuerpo de la Pannochka, que resulta ser la misma bruja. La primera noche en la iglesia es tensa. Él dibuja un círculo de protección con tiza en el suelo, creyendo que lo mantendrá a salvo. La Pannochka se levanta del ataúd, pero no puede cruzar el círculo. La tensión se construye a medida que ella intenta alcanzarlo, con movimientos espeluznantes y una mirada fija. Es el inicio de su calvario, donde la fe y la superstición chocan.
La Pannochka en el ataúd volador: Durante una de las noches, la bruja no se conforma con caminar. Se eleva dentro de su ataúd, flotando por la iglesia, persiguiendo a Khoma dentro de su círculo protector. Es una imagen icónica y muy efectiva. El ataúd, moviéndose por sí solo, añade un nivel de amenaza y lo sobrenatural que es difícil de olvidar. La claustrofobia del espacio se intensifica con el objeto macabro danzando en el aire, aumentando la desesperación del seminarista.
La invocación de los demonios: En la última noche, cuando la Pannochka ya no puede con Khoma, empieza a invocar a sus secuaces. La iglesia se llena de criaturas grotescas y demoníacas que emergen de las sombras: gárgolas que cobran vida, hombres lobo, vampiros y otras abominaciones. La escena es un despliegue de efectos especiales prácticos asombrosos. Los monstruos son variados y únicos, creando un caos visual que te envuelve en una pesadilla febril, una verdadera procesión infernal.
La llegada del Viy: El clímax de la película llega con la aparición del Viy, la criatura más terrible de todas. La Pannochka lo invoca, y este ser monstruoso, con párpados que le llegan hasta el suelo, es llevado por pequeños demonios que le levantan los párpados para que pueda ver a Khoma. La mirada del Viy es letal. Es una figura imponente y aterradora, cuyo diseño es simple pero increíblemente efectivo, marcando el punto álgido del horror en la película.
El final de Khoma: A pesar de su círculo protector, Khoma comete el error fatal de mirar directamente a los ojos del Viy. En ese instante, su protección se rompe. Los demonios lo atacan, y la iglesia se convierte en su tumba. Es un final trágico y sombrío, que subraya la impotencia del hombre frente a fuerzas sobrenaturales abrumadoras. La película no le da un respiro al protagonista, dejando un sabor amargo y una sensación de que el mal, a veces, simplemente gana.

Datos curiosos
La película fue la primera adaptación cinematográfica del famoso cuento de Nikolai Gogol, que se publicó por primera vez en 1835. Era una obra muy conocida en Rusia y una elección audaz para el cine soviético.
El director de efectos especiales y supervisor general fue Aleksandr Ptushko, una leyenda del cine de fantasía soviético. Él fue clave para lograr la atmósfera y las criaturas de la película.
Natalia Varley, que interpretó a la Pannochka, era acróbata y gimnasta. Esto fue crucial para las escenas físicas, como cuando vuela sobre Khoma o se mueve de forma espeluznante dentro del ataúd.
Para la escena del vuelo de la bruja, se usó un sistema de cables y poleas que levantaba a Varley y a Leonid Kuravlyov (Khoma) sobre una maqueta del paisaje nocturno, logrando un efecto muy convincente.
Los efectos de las criaturas se lograron con una mezcla de máscaras, disfraces elaborados, animatronics simples y técnicas de stop-motion y animación cuadro por cuadro, todo hecho a mano.
La iglesia donde se desarrolla la mayor parte de la acción fue un set construido específicamente para la película en los estudios Mosfilm, diseñado para ser claustrofóbico y ominoso.
El diseño del Viy fue un desafío. Se decidió por una criatura con párpados enormes que debían ser levantados, para enfatizar su mirada mortal sin mostrar ojos 'normales' o demasiado humanos.
Aunque la película es predominantemente en color, algunas copias distribuidas internacionalmente fueron en blanco y negro, lo que a veces confunde a los espectadores sobre su formato original.
La música de Karen Khachaturian (primo del famoso Aram Khachaturian) es fundamental para la atmósfera, con coros y sonidos que intensifican el terror y lo sobrenatural de cada escena.
A pesar de ser una película de terror, tuvo mucho éxito en taquilla en la Unión Soviética, atrayendo a más de 32 millones de espectadores en su primer año, un número impresionante para la época.
Originalmente, el guion de Gogol incluía una escena donde Khoma intentaba escapar de la iglesia, pero en la película se decidió que permaneciera dentro del círculo todo el tiempo para aumentar la tensión y la claustrofobia.

Dónde verla
Si te picó la curiosidad y quieres ver Viy, te cuento dónde puedes encontrarla. En México, Argentina y España, la tienes disponible para ver en streaming a través de Bloodstream. Si estás en España, además de Bloodstream, también la puedes encontrar en Filmin, que siempre tiene un catálogo interesante de cine clásico y de autor. Para la gente en Estados Unidos, la cosa es un poco más variada: puedes verla en plataformas como Night Flight Plus, Screambox Amazon Channel, Eternal Family, Klassiki, Troma NOW, Bloodstream y Chilling. Además, en Estados Unidos también tienes la opción de alquilarla o comprarla en Google Play Movies y YouTube. Así que, no hay excusa, si quieres adentrarte en este terror soviético, tienes varias opciones para verla desde la comodidad de tu casa. ¡Dale una oportunidad!

Conclusión
¿Por qué deberías ver Viy hoy? Porque es una pieza única del cine de terror, una ventana a una tradición folclórica que rara vez se ve en pantalla grande con esta calidad y audacia. Si estás cansado de las mismas fórmulas de siempre y buscas algo que realmente te desafíe y te sorprenda visualmente, esta es tu película. Es un festín para los ojos y un escalofrío para el alma, una de esas joyas ocultas que te hacen recordar que el cine es un arte vasto y lleno de sorpresas. No es solo una película de terror; es una obra de arte que mezcla fantasía, drama y un toque de sátira social, todo envuelto en una estética inolvidable que te perseguirá mucho después de verla. Prepárate para una experiencia que te va a dejar pensando y, quizás, mirando dos veces en la oscuridad. Dale una oportunidad, no te vas a arrepentir si te gusta el terror que va más allá de lo convencional y se atreve a ser diferente.
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