Mi cine con papá y la llegada de un “Toro Salvaje”
- Luis Esperanza

- 20 ago 2025
- 7 Min. de lectura
Después de que se me fue invitado a ser parte de este bloc o página web, donde los amantes al cine pueden leer o descubrir clásicos y/o historias que forman parte del séptimo arte; imágenes que quedan impregnadas en el subconsciente, me pregunté, ¿cuánto tiene qué ver mi padre por mi gusto al cine? Aquí a continuación cuento parte de ello. Espero no ser muy extenso.
Mi papá era un hombre rudo y de carácter fuerte, no siempre mostraba sus emociones receptivas o de beneplácito, pero cuando se trata de que algo no le parecía se hacía escuchar en toda la casa, siendo mi mamá o mi hermano los encausados para soportar su léxico y lenguaje soez.
Siempre me he considerado afortunado de haber crecido a lado de mi abuela Hermila y tía Ernestina, y de Tulia, quien era como mi nana, con ellas viví y goce de amplias bondades que se extienden hoy en día a mi vida, pero que también ayudó a evitar esa parte virulenta que tanto caracterizaba a mi progenitor padre; sin embargo, cuando convivía con él, tenía un cierto encanto de amabilidad conmigo, pese a su genio siempre fue un hombre trabajador que también sabía divertirse, y es que, a la fecha no conozco a alguien que conociera y fuera a tantos lugares para comer y beber como él; nunca escatimaba en los gastos. Pasear a su lado o acompañarlo supuestamente a trabajar en su desempeño de transportista era estar listo para darle gusto al paladar. Ahora que lo pienso, creo que mi hermano y yo tuvimos dos padres distintos. Seguro era por la cuestión de edad.
Detrás de ese hombre que empezó a ganarse la vida a los 16 años, aventurarse tras dejar a mi abuela y a dos de sus hermanos que eran menores que él, inició un ir venir por la vida en distintos rubros que quizá cuente otro día, pero lo que sí recuerdo bien para los fines de lo que hoy les cuento, es como alguna vez él me relató en sus propias palabras, llegó a vender pepitas en las afueras de los cines, mucho tiempo antes de que aquellas firmas como Cinépolis o Cinemex nos hicieron gastar o explotar con sus costosas palomitas, variedad de golosinas o comida que se pueden degustar hoy en día en frente de receptáculo de entretenimiento, había un hombre encantador con gustos peculiares e interesantes que fui conociendo cada vez que le daba play a la Betamax de Sony, la cual más tarde evolucionó a VHS, y que en tiempos más recientes se convirtió en DVD.
Así pues, puedo decir que mi papá era un hombre de gustos democráticos, podría pasar desde aquellas de la época de oro del cine mexicano como la saga dirigida por Ismael Rodríguez y estelarizada por Pedro Infante: “Nosotros Los Pobres”, “Ustedes Los Ricos” y “Pepe el Toro”; asimismo, clásicos como “El Padrino”, “Pelotón”, "Los Olvidados" o “Casablanca”. Pero había más, siempre me llamó la atención su gusto por el cine de acción y de todos aquellos justicieros encabezados por el gran Charles Bronson, Bruce Willis, Kurt Russell, Chuck Norris y el propio Silvestre Stallone o, de Bruce Lee, quien casi creó un género cinematográfico; héroes y antihéroes de la cultura americana y más allá, que para mí se convirtieron caras bastante conocidas.
Como bien dije, mi papá era un hombre de gustos democráticos; es decir, también tenía cierta atracción por las películas de Valentín Trujillo, los Hermanos Almada y de aquellas que conformaron el inolvidable cine de ficheras, siendo éstas últimas un verdadero hallazgo para quien escribe estas líneas, sobre todo porque en aquel entonces me encontraba en plena edad de la punzada, descubrir a Sasha Montenegro en paños menores fue todo un suceso imborrable que hoy todavía habita en mi subconsciente imaginario. Esas películas de mala cantidad con argumentos inverosímiles fueron mucho más recurrentes para mí de los que sólo unos cuantos amigos saben. No es que las viera con él, pero cuando no estaba en casa abordaba su colección de películas que justamente incluía a Alfonso Sayas como el gigolo en buena medida de esas historias que alimentaron la industria del cine mexicano en los años 70, 80 y parte de los 90.
Ya en la mayoría de edad y con más educación académica, con gustos cada vez más personales y otros más arraigados desde el seno familiar, tales como el amor y gusto por el boxeo, principalmente encausado por mi padre, quién otro, ya que para empezar supe que fue boxeador semiprofesional o amateur, no sé cuál fue su récord final, pero me parecía extraordinario que llegó a ponerse los guantes arriba de un ring, de hecho alguna vez vi una foto de él sobre los encordados. Bien dice mi hermano que papá era bueno para el trompo callejero, él sí que lo vio pelear en las calles, así es que para defendernos, había puños y mucha actitud.

La foto aquí mostrada es a mi papá soltando un derechazo a su oponenteEl box como deporte siempre me ha parecido el más atractivo cinematográficamente hablando, hay verdaderos clásicos del cine que se pueden abordar y revivir una y otra vez. No hay historia más grande de superación que venir de la nada y convertirse en campeón del mundo, un héroe de la sociedad mucha veces marginal que termina por vivir de la gloria o sucumbir frente al éxito para terminar como al principio, los puños rotos y las manos vacías.
Después de todo lo anterior y de la influencia directa o indirecta que tuvo mi papá por mi gusto por el cine, siempre recuerdo y recordaré esos sábados de box que se transmitían en tv abierta a nivel nacional con verdaderos narradores y cronistas del arte del pugilismo como Jorge "Sony" Alarcón, Alfonso "El Doctor" Morales y Eduardo Camarena. Esos días eran un verdadero deleite familiar con mi mamá, hermano Beto y desde luego mi papá como el experto de lo que veíamos; disfrutábamos esas carteleras boxísticas encabezadas muchas veces por Julio César Chávez, Salvador Sánchez, José Luis Ramírez y muchos otros campeones del mundo como “Sugar” Ray Leonard, Marvin Hagler, Tommy Hearns y “Manos de Piedra” Durán.
Haciendo paréntesis, ahora que indago más en mis recuerdos, mi papá en casa como ya dije, era un gran espectador de historias del cine, también veía series legendarias como “Los Intocables”, “Bonanza”, “Camino al Cielo” y “Dallas”, en otras que quizá recuerde con el tiempo; de igual forma, le gustaba ver noticias, mucho box y no tanto fútbol la verdad, sobre todo porque terminaba desilusionado como cada mexicano promedio por el desempeño de la selección en los mundiales.
Lo que quiero decir es que, algo que me resaltó al estar escribiendo esto, es que también era un lector de gustos democráticos, siempre estaba leyendo el periódico, no había día que no lo hiciera, lo cual es algo que debo de reconocerle, tan reconozco que también lo vi con algunos libros, no sé por qué antes no destaque esa cualidad de mi papá, será porque hoy lo veo como el “hombre de los gustos democráticos”, ya que también me llega la imagen de verlo leer el Libro Vaquero y aquella historieta mexicana llamada el Sensacional, y no se diga la revista Playboy, la cual en los años 70, 80 y 90 se destacaba por sus artículos y columnas más allá de sus esculturales mujeres que descubrí debajo del colchón de mis papás cuando también asaltaba su colección de cine de ficheras.
Así pues, al día de hoy puedo decir que las mejores charlas que recuerdo con mi papá e incluso con mi hermano, son de box, un amor por ese deporte y a los boxeadores mexicanos era algo que en casa se reconocía y vivía con notable emoción, sobre todo los sábados por la noche. Estamos hablando de que si México es una verdadera potencia en algún deporte, ese es el arte de pegar y no ser golpeado, no por nada es el segundo país con más campeones del mundo después de los EUA.
Reconocido mundialmente por expertos y no tan expertos, podemos encontrar autores de la novela negra o detectivesca como James Ellroy, quien muestra su admiración por los pugilistas mexicanos en distintos episodios de su narrativa, resaltando ese estilo arrojado y kamikaze con mucha técnica, el cual con el paso de las décadas y en la historia del boxeo es siempre admirado y destacado por los verdaderos conocedores.
¿Y el “Toro Salvaje”? A eso voy. Una vez dicho todo lo anterior, mi percepción por el cine se profundizó justamente cuando mi papá adquirió una película en formato VHS, en una tienda de súper mercado que probablemente debió de haber sido Walmart; se trata de “Raging Bull”, Toro Salvaje en español, cinta dirigida por Martin Scorsese, un italoamericano que es conocido por su maestría al momento de narrar historias.
Con la llegada a mis manos de esa película comprendí lo artístico que puede ser una historia, las sorprendentes actuaciones de Robert De Niro y Joe Pesci, la notable fotografía en blanco y negro a cargo de Michael Chapman, y una sublime dirección de Martin Scorsese me dejó casi sin aliento; nunca había visto nada igual, incluso hoy en día a los pasos de los años sigue siendo la película por antonomasia por cualquier deporte llevada al cine, y sin duda una de las mejores películas de la historia.
Siempre que veo “Toro Salvaje” mis emociones se disparan; me hacen recordar a mi padre, de sus pericias y aventuras, de aquellas charlas de box con él y mi hermano, así de como de mi amor y devoción por el séptimo arte. Nunca antes me había interesado más allá de lo que veía a simple vista, pero con “Toro Salvaje”, empezó algo más profundo cada vez que veo una historia cualquiera que esta sea, y todo ello gracias a mi papá.
Por cierto, mi papá era un Esperanza, Rogaciano Esperanza Aragón, aunque muchos lo conocían por Don Beto o Roberto, creo que nunca le gustó su nombre, por eso mi hermano sí es un Roberto de manera oficial. Cuenta la historia que, su nombre fue sugerido por el Dr. Rasura a petición de mi abuela por su importante labor de parto para dar a luz a un sietemesino, quien se convirtió en el "hombre de los gustos democráticos".









Excelente descripción de tu papi, yo también recuerdo que a diario compraba la prensa entre otros periódicos 👍