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Bonnie y Clyde (Estados Unidos, 1967)

La Glorificación de la Violencia


Remontarse al cine de gánsteres, es ir a 1927 con la “Ley del Hampa”, de Josef von Sternberg, ya que desde la aparición de esta película, el cine y la televisión han abordado a estos personajes de una manera constante al grado de mitificarlos o convertirlos en leyenda. Los hay desde Al Capone, Vito Corleone y Tony Soprano, entre muchos otros.


Mucho tiempo después de los primeros gánsteres o títulos como “El Pequeño César” de 1931, de Mervyl LeRoy; “Enemigo Público” de 1931, de William A. Wellman; y “Scarface” de 1932, de Howard Hawks; así como tan sólo unos años antes de “El Padrino” de 1972, de Francis Ford Coppola, “Malas Calles” de 1973, de Martin Scorsese; y “Bugsy Malone” de 1976, de Alan Parker; y otras como “Los Secretos de la Cosa Nostra” de 1972, de Terrence Young, llegó “Bonnie y Clyde” en 1967, de Arthur Penn.


Estelarizada por Warren Beatty en el papel Clyde Barrow, un exconvicto irremediable, y Faye Dunaway como Bonnie Parker, una camarera sin rumbo que se ve atraída por Clyde, con lo que llevaría a la pareja a ganarse la vida a costa de cualquier riesgo.


Basada en el libro Últimos Cien Días, de John Toland, donde se narran las aventuras de Bonnie Parker y Clyde Barrow, celebres criminales que llevaron a cabo una serie de delitos como el asalto a bancos y de todo aquello donde se les presentará una oportunidad en zonas como Medio Oeste y el Sur de la Unión Americana a principios de los años 30.


La consecución de la película llevó un proceso que comenzó en 1963, donde el propio Warren Beatty vio a una oportunidad en la historia para lograr el éxito esperado más allá de ser reconocido como un playboy de la actuación.

Con los primeros esfuerzos bajo la mancuerna de Robert Benton y David Newman para trabajar en el guion y en la dirección de la cinta, quienes llevaron a cabo un enfoque inspirado en La Nueva Ola Francesa, al grado de pedir asesoramiento a Godard y Truffaut en el borrador de la historia, pero que no fue hasta la llegada de Robert Towne, quien fue fundamental en el guion final, ya que a su vez se tomó la decisión sobre que fuera Arthur Penn el director de Bonnie y Clyde, personaje que ya había trabajado previamente con Warren Beatty.


Tras la llegada de Arthur Penn, el propio director reconoció que se inspiró en la La Nueva Ola Francesa, siguiendo los pasos de Godard, donde gracias a ello, el montaje de la cinta sentó las bases para el uso de una nueva gramática visual en el cine estadounidense, al grado de donde muchos expertos o cinéfilos colocan a Bonnie y Clyde como piedra angular del llamado Nuevo Cine Estadounidense.


El Nacimiento del Mito

La vida y muerte de Bonnie y Clyde los convirtió en mártires, la visión de Arthur Penn cristaliza su imagen como dos amantes atractivos que deciden forjar su propio sueño americano rechazando los sistemas económicos fallidos de la Gran Depresión. "Robamos bancos", anuncian con orgullo a cualquiera que esté dispuesto a escuchar, ya que la gran mayoría de la gente común estaba frustrada por las operaciones depredadoras de los bancos. En una época en la que la tierra de la libertad estaba plagada de ejecuciones hipotecarias y los bancos expulsaban a personas indefensas de sus tierras, no sorprende que Bonnie y Clyde se convirtieran en íconos culturales.


Cuenta la leyenda que esta pareja de forajidos fueron tan reconocidos al grado de convertirse en héroes populares, incluso los propios niños en temporada de Halloween, se disfrazaban de Bonnie y Clyde. Recuerda Newman: “Valía la pena ser un bandido; buscaban más allá de lo que la propia sociedad les daba”. Sin embargo, lo verdaderamente atractivo y amenazador de la pareja era que, eran unos revolucionarios desde el punto de vista estético.


La cinta nos muestra símbolos descomunales que se entrelazan en su trama narrativa e intenta realizar análisis simbólicos en el subtexto, contrastes que constituyen un elemento fundamental de las investigaciones de la película, destacando la hipocresía de las mentiras glamorosas que vendían los periódicos cuando la pobreza era la realidad aplastante, y donde a pesar o gracias a su rebeldía, Bonnie y Clyde fueron idealizados como símbolos perdurables de la libertad pese a siempre estar atrapados bajo la fuerza represiva de las autoridades.


Un Nuevo Orden Cinematográfico

Después de que Hollywood había vivido su época dorada, de haber sobrevivido a dos guerras mundiales, así como la irrupción  de otras cinematografías en manos de corrientes como La Nueva Ola Francesa, la cual como ya se dijo, sería  una fuente de inspiración para futuro realizadores estadounidenses y de otras latitudes en el mundo, sobre todo porque se comenzó a presenciar nuevas historias con personajes fuera de los estándares en décadas anteriores. El mundo del séptimo estaba viendo pasar los mejores años de cineastas como John Ford, Billy Wilder, John Houston y Orson Wells, entre otros.


Avanzada ya la década de los 60, donde claramente se dejaba ver un cambio cultural en distintos rubros como la música, moda y el arte en sí, e ideas políticas que vislumbraban un nuevo horizonte ideológico, se pudo presenciar como una  nueva generación de directores vieron en el cine una herramienta para contar historias a través de personajes disruptivos o  trasgresores; narrativas que nos trasladaban a una realidad más cercana vista hasta ese entonces en el receptáculo de entretenimiento, ya sea porque fueron participes de esos cambios o, porque tenían una nueva concepción o formación de capturar imágenes a través de su cámara.


Así pues, más de allá de ser una de las últimas películas del viejo régimen de los prestigiados estudios Warner Bros, “Bonnie y Clyde” es un parteaguas del cine estadounidense y del mundo, al grado de ser señalada de contar con una de las escenas de muerte más sangrientas de la historia del cine. Junto a sus cuerpos perforados, se nos presenta una visión aterradora de ambiciones incumplidas y esperanzas perforadas.


“Bonnie y Clyde” puede que en ocasiones se desvíe de la versión históricamente fiel de las vidas del dúo, pero sus experimentos seminales han transformado la película en un artefacto histórico en sí misma. En su estreno, la crítica y el público criticaron enérgicamente la inclinación de Penn por la estilización cinematográfica de la violencia. Algunos académicos aún culpan a” Bonnie y Clyde” de inspirar a otros cineastas a utilizar el medio cinematográfico para glorificar la brutalidad.


En conclusión, el director Arthur Penn hace un fantástico análisis de la insensibilización generalizada hacia la violencia, realiza una traducción visual de las formas en que se crean y propagan las mitologías. Cuando Clyde le dice a Bonnie que ella "lo convirtió en alguien a quien recordarán", no es solo un gesto romántico, sino una apelación hacia a un público que no puede olvidarlos. Personajes que trascienden más allá de su época y espacio.

 
 
 

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Invitado
16 ene
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Películas muy interesantes para volver a disfrutarlas 👍

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