Ladyhawke (USA, 1985)
- Juanmi Retrocinema

- 8 oct 2025
- 5 Min. de lectura
Una aventura medieval donde el destino separa a dos amantes mediante una maldición.

Título: Ladyhawke.
Año de estreno: 1985.
Nacionalidad: Estados Unidos.
Duración: 121 minutos.
Género: Fantasía.
Director: Richard Donner.
Reparto: Rutger Hauer, Michelle Pfeiffer, Matthew Broderick, John Wood, Leo McKern.
Guionistas: Edward Khmara, Michael Thomas, Tom Mankiewicz, David Webb Peoples.
Compositor: Andrew Powell (colaboración con Alan Parsons Project).
Director de Fotografía: Vittorio Storaro.
En el Ducado de Aquila, un joven ladrón apodado “el ratón” escapa milagrosamente de la mazmorra del obispo, un lugar del que nadie había logrado salir con vida. En su huida por los bosques nevados conoce a Etienne Navarre, un caballero exiliado, fuerte y solitario, que carga siempre con un halcón en el brazo. Al principio, Philippe cree que se trata sólo de un guerrero misterioso, pero pronto se ve arrastrado a una historia que sobrepasa su imaginación.
El misterio se revela con horror y asombro, Navarre y la dama Isabeau fueron víctimas de la maldición del obispo de Aquila, un hombre consumido por los celos y la obsesión. Incapaz de poseer a Isabeau, condenó a los amantes a una existencia cruel, durante el día, ella se convierte en un halcón; al caer la noche, Navarre se transforma en un lobo. Así, siempre juntos pero eternamente separados, se persiguen en el tiempo sin poder tocarse en forma humana, rozándose en los instantes del amanecer y el crepúsculo, pero jamás coincidiendo.
Con la ayuda de Philippe y del monje Imperius, quien además guarda un oscuro pasado en la caída de Aquila, los amantes encuentran una tenue esperanza. El ciclo de la maldición sólo puede quebrarse durante un eclipse solar, cuando día y noche se funden en un mismo cielo. En la secuencia final, Navarre enfrenta al obispo en la catedral, desafiando no solo al hombre sino al destino. En ese instante único, el eclipse abre un resquicio en la condena, y Navarre e Isabeau logran reencontrarse como seres humanos, rompiendo el hechizo con la fuerza de su amor. El obispo, derrotado por aquello que más temía —la pureza del amor verdadero—, cae en la oscuridad.

Actuaciones
Rutger Hauer ofrece una de sus interpretaciones más carismáticas y trágicas. Lejos de su imagen habitual como villano, aquí encarna a un héroe atormentado, noble pero vulnerable. La intensidad de su mirada transmite la pena de años de soledad y de impotencia frente a la maldición.
Michelle Pfeiffer sorprende en uno de sus papeles iniciales, su Isabeau parece casi sobrenatural, una mujer angelical atrapada en un destino imposible. Pfeiffer mezcla fragilidad con determinación, logrando que el espectador crea tanto en su dolor como en su fuerza interior.
Matthew Broderick equilibra el tono con su Philippe Gaston. Su comicidad, su ingenio callejero y su inocencia aportan ligereza, pero también una humanidad que recuerda que este es un relato de esperanza. Sin su papel, la historia se hundiría demasiado en lo trágico.

John Wood encarna al obispo de Aquila con frialdad y obsesión. No necesita gritar ni gesticular demasiado, su maldad radica en su fanática convicción de poseer lo que no le pertenece. Representa el abuso del poder religioso, la corrupción del alma bajo el disfraz de santidad.
Leo McKern, como Imperius, aporta un matiz entrañable. Su personaje es un monje que cargó con la culpa de haber revelado el secreto de los amantes, pero que busca redimirse ayudando a romper la maldición. Su mezcla de torpeza, sabiduría y remordimiento lo convierte en un eslabón esencial de la trama.
Contexto histórico
La década de los 80 fue un periodo fértil para la fantasía en el cine, Excalibur (1981), Conan el Bárbaro (1982), Krull (1983) o Legend (1985) buscaban recrear mundos míticos con ambiciones estéticas distintas. Richard Donner, que venía del éxito colosal de Superman (1978) y The Omen (1976), quería demostrar que el género fantástico podía ser también un vehículo para el romance trágico y la poesía visual.
El guion de Ladyhawke llevaba casi diez años circulando en los estudios sin encontrar director ni financiación. Donner lo rescató y apostó por filmarlo en escenarios naturales de Italia, las montañas de Abruzzo, la campiña de Lazio, castillos medievales y paisajes nevados que dotaron de veracidad a su mundo de fantasía.

Un detalle polémico fue la música. Andrew Powell, miembro del proyecto musical de Alan Parsons, compuso una banda sonora que mezclaba arreglos sinfónicos con sintetizadores ochenteros. En su estreno, muchos críticos rechazaron esta fusión por considerarla anacrónica con la estética medieval, pero con el tiempo se volvió uno de los sellos más recordados de la cinta, una síntesis entre lo clásico y lo moderno, reflejo mismo del espíritu de los años 80.
Secuencias legendarias
La revelación de la maldición: Philippe observa atónito cómo al caer la noche Navarre se transforma en lobo, mientras al alba Isabeau reaparece como mujer después de haber sido un halcón. Una puesta en escena poética y desgarradora.
El lago helado: Navarre, como lobo herido, yace a punto de morir. Isabeau, aún como halcón, desciende y lo acaricia con ternura. Una escena que resume la tragedia, amor inquebrantable en cuerpos imposibles de tocarse.

El instante entre el día y la noche: uno de los momentos más bellos visualmente, cuando Navarre e Isabeau se rozan en la transición de las formas. Se ven, se llaman, se ansían, pero el tiempo juega en su contra.
El eclipse en la catedral: clímax absoluto. Navarre enfrenta al obispo, espada en mano, en el corazón de Aquila. El sol y la luna se cruzan en los vitrales mientras, por primera vez en años, Navarre e Isabeau coinciden en forma humana, rompiendo la maldición ante los ojos de todos.
Datos curiosos
El papel de Navarre fue pensado inicialmente para Kurt Russell, pero lo rechazó; Hauer terminó adueñándose del personaje.
Richard Donner eligió a Michelle Pfeiffer porque su rostro tenía, según él, “una cualidad etérea que parecía no pertenecer a este mundo”.
La fotografía de Vittorio Storaro (Apocalypse Now, The Last Emperor) fue clave, jugó con luces doradas y contrastes fuertes para resaltar la belleza de Pfeiffer y la brutalidad del paisaje.

La cinta tuvo dificultades en taquilla, recaudó menos de lo esperado frente a su presupuesto, pero la televisión por cable y los VHS la convirtieron en un clásico de culto en los 90.
El vestuario, diseñado para dar una apariencia realista pero mítica, buscó alejarse del brillo caballeresco y acercarse a la rudeza medieval.
Premios
Premios Óscar (1986): nominación a Mejor Sonido.
Saturn Awards: nominación a Mejor Música Original y Mejor Película de Fantasía.
Festival de Cine Fantástico de Avoriaz: premio a la Fotografía (1985).
Influencia
Aunque no fue un fenómeno comercial, Ladyhawke encontró su lugar en la memoria cinéfila como un referente del romance fantástico. Inspiró a posteriores relatos de amantes malditos en series, novelas y videojuegos. Consolidó a Michelle Pfeiffer como figura ascendente y demostró que Rutger Hauer podía ser algo más que el antagonista de Blade Runner.
Su peculiar fusión de romanticismo medieval, atmósfera gótica y música electrónica ochentera la convirtió en un híbrido inconfundible, capaz de sobrevivir al paso del tiempo como un símbolo del cine de fantasía de su década.

Conclusión
Ladyhawke es una tragedia romántica con ropaje de aventura medieval. Su magia radica en la paradoja, dos amantes que nunca pueden tocarse, separados por el día y la noche, pero unidos por la eternidad. La película ofrece una experiencia que mezcla lo épico con lo íntimo, lo espectacular con lo profundamente humano. En su centro late una reflexión universal, el amor verdadero puede resistir cualquier condena, incluso la impuesta por el poder y la envidia.
“Siempre juntos, eternamente separados.” — Voz de la maldición









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