King Kong (USA, 1933)
- Juanmi Retrocinema

- 27 ago 2025
- 5 Min. de lectura
La tragedia del monstruo incomprendido que cambió para siempre el cine de aventuras y efectos especiales.

Título original: King Kong.
Año de estreno: 1933.
Nacionalidad: Estados Unidos.
Duración: 100 minutos.
Género: Aventura, fantasía, monstruos, romance trágico.
Dirección: Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack.
Reparto: Fay Wray, Robert Armstrong, Bruce Cabot.
Guion: James Ashmore Creelman y Ruth Rose.
Compositor: Max Steiner.
Director de fotografía: Edward Linden.
En la Nueva York de la Gran Depresión, el excéntrico director de cine Carl Denham planea un misterioso viaje para filmar una película en una isla no registrada en los mapas: la Isla de la Calavera. Denham recluta a la joven actriz Ann Darrow, una mujer sin trabajo ni hogar, y al rudo marino Jack Driscoll, quien se une como jefe de la tripulación. Lo que empieza como una travesía exótica pronto se convierte en una pesadilla.
Al llegar a la isla, descubren una civilización tribal que venera a una criatura legendaria llamada "Kong". Los nativos secuestran a Ann y la ofrecen en sacrificio. Del corazón de la selva emerge el simio colosal, King Kong. Fascinado por la belleza de Ann, el monstruo la protege de dinosaurios y otras bestias prehistóricas que habitan la isla.
La expedición organiza un operativo para rescatar a Ann y capturar a Kong. Tras una serie de enfrentamientos épicos, logran sedar a la bestia y llevarla a Nueva York como atracción teatral. Pero el orgullo y la fuerza de Kong no pueden ser encadenados. Durante su presentación en Broadway, se libera, causando caos en la ciudad. Busca desesperadamente a Ann, la encuentra y la lleva hasta la cima del Empire State Building. Allí, mientras intenta defenderse de los biplanos que lo atacan, cae abatido.

En el último plano, el cadáver de Kong yace en la calle. Denham pronuncia la ya mítica línea: “No fueron los aviones. Fue la Bella quien mató a la Bestia.”
Actuaciones
Fay Wray como Ann Darrow: La "scream queen" original. Su mezcla de vulnerabilidad y presencia marcó un antes y un después en el cine de terror y aventuras. Su grito, convertido en ícono, dio humanidad al vínculo con la criatura.
Robert Armstrong como Carl Denham: Enérgico, ambicioso y cínico, Armstrong encarna al cineasta que busca fama a cualquier costo. Su entrega al personaje lo convierte en una figura compleja: visionario y villano a la vez.
Bruce Cabot como Jack Driscoll: El héroe rudo que evoluciona de marino insensible a figura protectora. Aunque más funcional que expresivo, representa el modelo del galán de acción clásico de la época.
King Kong (animado por Willis O'Brien): Aunque no es un actor humano, la animación cuadro por cuadro logró dotar a Kong de expresividad, emociones y presencia física. Sus gestos, miradas y rugidos fueron una actuación en sí mismos, marcando un hito en el cine de efectos especiales.

Contexto Histórico
King Kong se estrenó en marzo de 1933, en plena Gran Depresión. El público, golpeado por la miseria y la incertidumbre, encontró en esta película una vía de escape espectacular. Fue una obra pionera en muchos aspectos, combinó técnicas de animación stop-motion (de Willis O’Brien) con efectos ópticos, proyecciones traseras y música original sincronizada, algo raro en esa época.
También refleja la visión colonialista e imperialista de los años 30, la isla exótica, los “salvajes” como espectáculo, el dominio del hombre blanco sobre lo desconocido. Pero al mismo tiempo, presenta una tragedia romántica que humaniza al monstruo, convirtiéndolo en víctima más que villano.

Influencia
La huella de King Kong es monumental. No solo definió el cine de aventuras fantásticas, sino que introdujo una sensibilidad trágica que cambiaría para siempre la forma de retratar a los “monstruos” en pantalla. Antes de Kong, las criaturas eran amenazas sin alma; después de Kong, fueron posibles los monstruos con emociones, instintos, dolor y deseo. El arquetipo de la bestia incomprendida se consolidó con él.
En lo técnico, su animación cuadro por cuadro, diseñada por Willis O’Brien, fue una revelación. El uso de stop-motion, junto con técnicas innovadoras como retroproyección, maquetas móviles, y la integración de actores con efectos ópticos, marcó un antes y un después. O’Brien, discípulo de la paleontología popular y pionero en The Lost World (1925), perfeccionó su estilo en Kong y dejó la vara alta para generaciones siguientes, incluida su mayor influencia, Ray Harryhausen.
El cine moderno de espectáculo visual —de Jurassic Park a El Señor de los Anillos— tiene una deuda directa con King Kong. Steven Spielberg dijo alguna vez que sin Kong, nunca habría imaginado Tiburón. Peter Jackson, por su parte, lo llamó la película que lo hizo querer hacer cine y acabó dirigiendo un remake en 2005 que homenajea plano por plano a la original. Guillermo del Toro también ha citado la cinta como influencia clave en su tratamiento de criaturas sensibles en filmes como El laberinto del fauno o La forma del agua.

Temáticamente, King Kong ha sido interpretada de múltiples maneras:—Como una alegoría del colonialismo y el dominio imperialista sobre lo exótico y desconocido.—Como un retrato simbólico del miedo racial y la fascinación erótica reprimida en la cultura estadounidense.—Como una tragedia romántica donde el monstruo ama, pero no puede ser amado.—Y como una crítica a la industria del espectáculo, que captura, explota y destruye lo que no entiende.
Su estructura narrativa ha sido replicada innumerables veces, la expedición, el descubrimiento, la catástrofe urbana, el monstruo que no es el verdadero villano. Kong es la criatura que representa lo sublime, lo bello y lo aterrador al mismo tiempo. Su caída desde el Empire State no solo es física, es simbólica, el fracaso de la humanidad por querer dominar lo indomable.
En el imaginario colectivo, pocas imágenes son tan poderosas como la de Kong en lo alto del edificio más alto del mundo, luchando no por destruir, sino por proteger lo único que ama. Ese plano, con los biplanos girando en picada y el viento golpeando el pelaje del gorila, se convirtió en una de las postales definitivas del siglo XX.
Secuencias Legendarias
La llegada a Isla de la Calavera: envuelta en neblina y misterio, con una muralla colosal y rituales tribales.
La aparición de Kong: cuando emerge de la selva y observa a Ann por primera vez, a la vez aterrador y majestuoso.
La batalla con el T-Rex: una coreografía de stop-motion que sigue siendo emocionante, tensa y visualmente impresionante.
Kong destruyendo Nueva York: arrancando trenes del metro, pisoteando multitudes y enfrentándose a la civilización.
El clímax en el Empire State Building: el icónico enfrentamiento con los biplanos, cargado de emoción, tragedia y silencio final.

Datos Curiosos
Fay Wray, quien interpretó a Ann Darrow, nunca vio a la criatura durante el rodaje: actuaba frente a pantallas vacías y efectos que se añadirían después.
El rugido de Kong se creó combinando sonidos de león y tigre, grabados y reproducidos a distintas velocidades.
El Empire State Building tenía apenas dos años de haber sido inaugurado cuando se filmó la escena final.
Se usaron esqueletos y restos de criaturas de King Kong en El gran gorila (Mighty Joe Young, 1949), que ganó un Oscar por sus efectos.
Se hicieron cortes en varias escenas por censura, como cuando Kong “desviste” a Ann o mastica personas.
Dónde Verla
Actualmente está disponible en:
HBO Max
Apple TV (alquiler/compra)
DVD y Blu-ray de edición especial de Warner Bros.
También ha sido subida con regularidad en sitios como Archive.org por ser de dominio público en varios países.

Conclusión
King Kong no es solo un clásico, es el nacimiento del blockbuster moderno. En su tiempo, fue una proeza técnica y narrativa. Hoy, sigue siendo una lección de empatía monstruosa, de belleza trágica y de poder cinematográfico. Lo que pudo haber sido una historia ridícula se convirtió en una fábula con ecos de tragedia griega, ciencia ficción pulp y romanticismo feroz. Kong no fue solo una bestia, fue un reflejo de los miedos, deseos y contradicciones humanas.
“No chains will ever hold that.”— Jack Driscoll









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